NO FRNDS
No quiero ser como tú.
No me arrepiento de nada de lo que dije, no me arrepiento de llamarles una peste, un parásito. Jamás me arrepentiré de renunciar a la familia biológica que se usa como un arma, que me blande como una espada y que me tirará en el momento que sea necesario. Jamás me arrepentiré de llamarle extraño a mi hermano, que permitió que nuestra pequeña familia esté llena de cadáveres y que me obligó a mirar el cuerpo de mi hermana decaer bajo mi propia magia. Y jamás me arrepentiré de odiarte, Aphysis, jamás me volveré como tú.
Tú eres un cobarde, un ingenuo. Dices cuidar de todos, pero realmente los estás llevando al matadero. Pides confianza ciega porque es lo que tú das a los parásitos de mi sangre, pides por una noble misión que jamás debía de serte otorgada.
Te dejaste usar por los ángeles y después corriste a esconderte, a dejar que ellos desarrollaran armas y magia a partir de tu ánima. Tu cobardía ha convertido este conflicto en una guerra, tu ingenuidad nos ha condenado a todos. Ahora te arrastras como una marioneta buscando un perdón que jamás te concederán, no importa cuántas veces te arrodilles y ruegues y te humilles y nos embarres de tu propia miseria.
No quiero ser como tú, y no lo seré.
Si realmente soy el “protector de los elementales”, ¿Por qué te ocultas de mí? ¿Es porque sabes que tú eres un peligro para ellos? ¿Es porque no confías en mí? Yo tampoco confiaría en mí si fuera un gusano como tú, tan temerosos de ser aplastado por mi zapato.
Desearía que ellos me escucharan, pero los tienes vendados y atados. Al menos a Elliot y Ariana, a quienes arrebataste sus creencias, a quienes has destruido y reconstruido. Odias a los ángeles, pero lo mismo que te hicieron estás haciendo a ellos. Vamos, querido, besa sus almas y promételes salvación, lánzalos al baño de sangre y, cuando vuelvan con los ojos vacíos y el valor derrumbado, diles que están más cerca. Siempre cerca, nunca allí. Mátalos en vida para tu propia redención, finge que lo haces por motivos altruistas.
Jamás seré como tú, no te dejaré pisotear mi espíritu ni permitiré que me rompas de la misma manera que te rompieron a tí. Quédate con tus juguetes rotos, cuídalos, acarícialos con espinas y aliméntalos con toxinas. Pero a mí jamás me vas a tocar.
Estoy harto de los juegos y del regateo. Si a tu lado mi valor varía como la moneda en el mercado, me escapo de tí. Si me invocaste para ser un arma, me empuño a mí mismo y te doy piedad. Porque podría matarte, pero eso sólo dejaría a la deriva a tres inocentes ingenuos. Si te dejo ir es por sus pobres almas fracturadas, no por compasión hacia la tuya.
Disfruta teniendo control sobre ellos, disfruta protegiéndolos y disfruta siendo su dueño. Ya no eres el mío. Te repelo, te lanzo al fuego, te llamo blasfemias y te separo de mi ser, junto con todo lo que representas.
Si tu fuiste alguna vez víctima de la tradición, ahora eres su mayor representante. Aléjate de mí, llévate tu veneno y dolor y supuesta expiación. Sufre sin mí.
Sorpresa, sorpresa.
No me puedes atrapar ya.
– V. S.
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