salvos y guardos.
Teóricamente, todos estábamos bien. Habíamos escapado con vida, nuestras cuatro extremidades, cetros completos, poderes funcionando y sin ser drogados. Las cinco personas que entramos a ese laberinto de magia y ángeles son las mismas que salieron hace pocos minutos, yo incluido. Aphysis nos espera en el refugio, listo para huir al Reino de los Demonios apenas lleguemos. Este debería ser un momento de gloria, nuestra gran batalla, una victoria aún más grande, euforia debería estar corriendo por nuestras venas mientras volamos en la noche. No hay una sóla palabra. No hay una sóla sonrisa, un signo de felicidad o cualquier ruido que nos indique que acabamos de ganar. Nuestro vuelo es silencioso, sin ruidos de nuestra parte más allá del viento que nos lleva en silencio. Nadie se atreve a hablar de lo que acabamos de ver, lo que acabamos de hacer. Ganamos, pero a costa de matar a la persona que nos crió y nos cuidó por años y años. ...